domingo, 20 de junio de 2010

Yo también te extraño; muy a menudo. A diario. Tú voz. 2 de febrero. También el 17 de abril. Los sábados por la mañana. En Churubusco. Pienso. Mozart. Rimbaud. Francés. Un sillón... He muerto. ¿Algún día nos encontraremos?
La esperanza no se va, solo muere y queda ahí: muerta, en espera de su resurrección. 

Queda ahí, en espera de la luz que le dé vida de nuevo, de una sola palabra que le urja a levantarse de su sepulcro.

Solo hay que tener un poco de fé en la esperanza. No ha muerto (del todo).

sábado, 19 de junio de 2010

(creo que las desgracias se llevaron tambien mi orotografía) ( y mi buen gusto) (y la esperanza)
Me sorprende que despues de tantas desgracias no tenga nada que decir, o es que tal vez las desgracias se han llevado hasta eso. En fin, es sorprendente como un myspace, un amor, una amiga y un celular te cambian la vida tan rapido.

La plaza

El viento de pronto escapó de entre nuestros cuerpos abrazados. El sol iluminó dulcemente tu rostro y las hojas caían con ceremonia hasta el piso de piedra. Mi mano se acercó temblorosa a tu rostro y acaricié tu barbilla justo debajo de tus labios. Te di un beso en la mejilla izquierda y me sonreíste. Dijiste tímidamente ─Gracias─. 

El portón de la iglesia se veía al fondo. Podía verse el abandono de las almas en estos días de ignorancia, indiferencia y tristeza. La gente caminaba, pero sólo éramos nosotros. 

Un extraño olor como de aforismos circundaba el aire en derredor. Dictamos las sentencias del amor en un beso, dijimos todas las palabras por decir con un te amo; te di todas mis caricias con un solo roce a tu mano.

Llegó la despedida, y no pude evitar voltear para confirmar que en realidad estabas ahí.

Ahí estabas. No había sido un sueño.

Sábado por la tarde

 Llovía y las luces artificiales de los coches dejaban ver tu rostro mojado entre el bullicio de la noche. Y cruzábamos miradas furtivas, leves sonrisas como un beso, como un te amo; como tomarnos de la mano.

lunes, 14 de junio de 2010

¿Hasta cuándo?

Esa era la pregunta. Sabía siempre lo que pasaría. De pronto me veía una vez más con nada más que mis lágrimas entre las manos. Esperar; eso quedaba. Esperar.

Siempre dije: seré feliz; y lo intentaba. Dejé a un lado el orgullo, la dignidad y me entregué por completo al destino, al azar completo que ofrece la ignorancia propia y la demónica sapiencia ajena. Poco a poco me convertí. Odié todo, a todos; por el simple hecho de ser todo como era. Sabía siempre lo que pasaría.

Ahora todo es distinto.

¿No mejor acaso que estar enfermo de odio y rencor, el estar enfermo de amor?

viernes, 11 de junio de 2010

No puedes verme;
no puedes imaginarme aquí,
sentado con la Luna
junto a la ventana.

Viendo mis pies descalzos
y persiguiendo tu olor
en un trozo de tela.

Víctima de clichés intelectuales,
volando en las notas tristes
de un blues menor hasta tu lecho;

haciendo navegar flores rojas 
con mis dedos,
abrazando con ahínco a la almohada,
esperando el instante en que sus burdos bordes
se transformen en tus brazos,
en tu voz, o en tus labios.

Algún día será, cuando nuestros encuentros
no se remitan a algún viernes por la tarde;
cuando tus manos de poeta,
tus ojos vaticinantes,
y tus labios de irremediable soñador
no sean un recuerdo,
un anhelo para otro día.

Y entonces la noche no será una despedida.

miércoles, 9 de junio de 2010

Lumos

¿Alguna vez has querido tener una esperanza?
¿Alguna vez te has sentido realmente solo?
¿No fue entonces que supiste lo que realmente era querer ser feliz?

Fue entonces que quise buscar dentro de mi, pero me asustó lo que quizás podría encontrar. Amortigüé mis preguntas con la almohada y me decidí a creer en las mentiras como si de verdades ineludibles se trataran. Alabé las palabras y quise resistir a pesar de los desengaños.

Nadie más podía llegar hasta ahí. De eso estaba totalmente seguro. Solo nos quedábamos tu y yo y tu imagen idealizada. Quizás fueras capaz. Quizás.

La gente diría ─Qué feliz ha de ser─ y yo respondería con una sonrisa.

Sabía ─sin embargo─ que un día amanecería solo y amordazado.

Aún ahora lamento que las cosas no hayan sido de otra manera. Que nuestras pretensiones no hubieran sido tan poco fantásticas, que hubiéramos podido huir de nosotros mismos como de nuestra realidad. Después de todo, algún día tenía que terminar.

La felicidad

Hace mucho que había renunciado a mis intenciones deterministas, en especial en lo que respecta a temas demasiado universales: Dormir ocho horas, beber mucha agua, caminar 30 minutos al día, que el respeto, la solidaridad, el nacionalismo...

En estos días nos volvemos cada vez más asiduos de los pretextos científicos y especialmente vulnerables a las estadísticas. He notado con tristeza que la abnegación ha desaparecido, y en su lugar tenemos planes y metas. Aspiramos a un mejor mañana, a un mejor país, a un mejor nosotros.

No sé, quizás la clave está en la ignorancia, ya accidental o intencional.

Yo solo sé que no sé nada. Yo sólo sé que no quiero saber nada.

martes, 8 de junio de 2010

Esperar


La ventana, las aves,
el viento, el silencio.
Tu cabeza en mi pecho,
mi mano en tu pelo;

el suave murmullo
de las hojas al viento;
el débil rumor
de nuestro pensamiento.






sábado, 29 de mayo de 2010

Volar

Somos mártires.
Nos toman de la mano,
y nos crucifican.

Cantamos a la libertad,
e inermes soportamos
nuestro suplicio.

Abnegados contemplamos
nuestros rostros tristes
y desesperados.

Nuestros pies descalzos
y con llagas
recorren el camino
hacia nuestra perdición.

Escupan nuestros rostros,
perforen nuestras costillas
y forzen el arrepentimiento
sincero en nuestros pensamientos.

Nosotros sonreiremos.

jueves, 27 de mayo de 2010

Eres


La calma de mis días,
la diástole de mis pensamientos,
la declinación de mi filosofía,
la perdición de mi egoísmo,
el renacer de mi poesía,
la evolución constante,
el olvido del olvido,
la derrota de la soledad,
la fuerza en mis pasos,
la vida en mi respirar.


sábado, 1 de mayo de 2010

Dime, ¿qué quieres que sea?
Eso seré.

¿Quieres que muera?
Moriré

¿Quieres que sea?
Seré.

¿Lo entiendes?
Daré lo que quieras.
Quiéreme.

Siempre esperando a que termine,
encuentro una más.

¿No fue acaso un buen momento?

sábado, 10 de abril de 2010

El ocaso de la fé (fragmento)

Lo miré a los ojos y pude ver mi propio rostro reflejado en los suyos. Sonrió y de pronto todo ─yo, la silla, la habitación y la ventana vacía─ parecía precipitarse a sus pupilas. Sentí cada átomo de mi cuerpo pasar a través de él tan rápidamente que todo aquello fuera del alcance de mis ojos parecía desacelerarse al infinito, convirtiendo el tiempo en algo casi tangible.

De un momento a otro estaba en mi cama. No podría asegurar que había sido un sueño. Tampoco parecía real.

Me incorporé y me toqué la cara, esperando encontrar un agujero extraño en lugar de mi nariz. Todo estaba en su lugar.

Debían ser las seis de la tarde. La luz del Sol se filtraba a través de las cortinas de gasa blanca e iluminaba las micelas de polvo que bailaban traviesamente frente a la ventana, tiñéndolas de rojos anaranjados que me recordaban aquellas tardes en el parque.

martes, 6 de abril de 2010

Océano

Tú, testigo omnividente,
confiable predilección de mis
días más tenebrosos,
amable consuelo
de mis penas.

Tu nombre atesorado
ha sucumbido
a la crueldad de tu humanidad.

¿Todo ha terminado?

sábado, 3 de abril de 2010

Los árboles

Mira cómo revolotean,
cómo se rinden,
cómo se arrancan.

Cómo sonríen
con tan ciega furia
y cómo contemplan
el cielo con ansias.

Mira cómo se agitan
con tal dulce hipocresía,
cómo se mueren
y resucitan;
cómo se deshacen
en llantos
y melancolía.

lunes, 29 de marzo de 2010

Dime

¿Quiénes somos?

¿Quién doblega nuestra paz?

¿Quién ha arrancado impunemente
nuestros sueños de raíz?

¿Quién sonríe por nosotros,
quién nos ama?

sábado, 27 de marzo de 2010

Atardecer

Yo soy.

Duermo tormentosamente
sobre la punta de aquel árbol decrépito.

Bombardean mi casa,
mi templo
y mi alegría.

Los gorjeos suaves de las aves
se transforman en rugidos infernales:
en trompetas terribles
anunciando el final de los días.

Despierto mientras caigo.

Aterrizo

y me encuentro con extraños parajes
grises y empolvados.

El cielo de satánica iridiscencia
se cierne sobre nosotros,

la lluvia pinta en el sueño gris
cuadros ignotos
de pasión y dolor.

¿Qué hago?

Soy demasiado cobarde para seguir viviendo,
pero también para morir.

Mátame!

(Creo estar en el suelo, pero sigo cayendo.)

Todos los muertos se acercan.

Me tienden la mano y regurgitan

(sobre mi),


miénten y aman al porvenir,
a mi, a nosotros.

Luego se ríen burlonamente,
me escupen y me abrazan.

─Lamento no poder ayudarte─ dije entonces.

Y quise despertar, pero no pude.