domingo, 10 de abril de 2011


No eres la mitad que me falta,
pero te necesito.
Sin ti sería
como el cielo sin agua, 
o como el árbol
sin río;
silencio sin respuestas...

Porque la luz encierra
la sombra que no existe,
el camino que no se halla.
Y sin embargo nadie escucha
cómo caen mis pensamientos, 
y nadie me escucha
en mi agonía,
sino tú.

Porque digamos 
que es larga la espera,
que hay que esperar.
Que algún día llegarías,
y aquí estás.

Cuando no estás aquí
hablo de ti,
como si al mismo tiempo fueras
mar abierto
y desierto.

Y como no eres
aquello que no tengo,
te temo, 
en busca de todos los ecos.
A lo mejor no existes,
y solo existes en mi deseo. 

viernes, 8 de abril de 2011

No me gusta decirte "te quiero". No porque sea mentira: es lo más cierto que conozco y que he conocido. Tampoco porque no quiera, pues me resulta tremendamente necesario decírtelo. El asunto es otro. Lo digo y me siento culpable; siento que juego sucio, que te hago trampa, que te tiendo un cebo para que me quieras, para que te sientas obligado a corresponder en algún recóndito lugar de tu ser mis sentimientos tras éstas breves palabras, y, con suerte, tras repetirlo mucho, tú mismo acabes por creerlo. No me gusta porque presiento que soy un inútil en ésto del amor, y solo de ése modo podrías saberlo, y el que lo sepas es una razón más para que aún no te hayas hartado de mi. Yo te quiero, pero al decírtelo siento que te privo de alguna agradable incertidumbre, y de tu legítimo derecho de odiarme y abandonarme. Luego siento vergüenza de mi mismo y de mis palabras y de las cosas que pienso. Me siento terriblemente autocondescendiente y pienso que tú podrías tener tus propias razones que yo jamás comprendería, o quizás ni siquiera necesites razones, no sé... Me siento terriblemente narcisista por pensar que lo que yo diga pueda interesarte en lo más mínimo, o cambie tan solo un poco lo que piensas. Ahora estoy aún más avergonzado: ¡Convertir mis sinceras divagaciones en literatura barata

miércoles, 6 de abril de 2011

[Sé cuál es la solución]

Sé cuál es la solución.
Deshacerme de mi,
de ti,
de nosotros,
de él,
de ellos,
de la tierra,
del aire
y del tiempo.

Juan 11:16

Hoy no sé muy bien qué escribir. Son las dos de la mañana y casi nunca sé nada a éstas horas. Iba a escribir algo que recordé, pero alguien me dijo alguna vez que solo escribo de lo que se halla en mi memoria. Hoy no tengo ganas de nada. Todo parece distante; ajeno a mi. Todo menos la biblioteca a la que iré mañana a las 10 de la mañana. Como nota al margen, creo que he logrado actuar convincentemente el personaje que creé para mi. He convencido a casi todos, pero ahora comienzo a creer que la misantropía no me va. Debería quitarme la maldita costumbre de dormir tan tarde, y ponerme pretextos a mi mismo, que ante los demás convierto en verdaderos. No sé a quién en el mundo podría interesar lo que escribo, pero me da lo mismo. No escribo para que alguien lea, sino para que yo mismo escriba. El arte por el arte, diría alguien de cuyo nombre no puedo acordarme. Me siento estúpido. Hasta la noche parece dormida, y yo cantando. Por alguna razón incomprensible para mi, pienso en Marcel Duchamp. Leí una vez una entrevista que le hicieron, y los títulos de las obras de las que hablaba me parecían fantásticos e inspiradores. Sobre todo "Jóven triste en un tren". Daré la muestra más fehaciente de mi narcisismo. Ahí me imaginaba yo. En una estación de tren. En París, por supuesto, pues Duchamp es francés, o al menos su nombre suena francés. Me imaginé a mi mismo en una estación de tren en París. no estoy muy seguro si estoy en el andén o a bordo del tren. Creo que adentro. Como decía, ahí estaba yo, en una estación de tren en París, arribando en el tren de las 3. Apoyaba delicadamente mi brazo en la ventanilla, y veía pasar manchones emborronados frente a mis ojos mientras pensaba que la vida no siempre es lo que parece, aunque lo parezca. Luego me acabé el café, dejé el dinero sobre la mesa y salí apresuradamente con tal de que nadie me viera. Tengo miedo. Quizás un día de estos, sin que yo me dé cuenta, me quede huérfano, o tal vez termine suicidándome, también sin saberlo. Si es así, terminaré odiando a mi padre, o a mi mismo. Tengo miedo porque me han dicho que el odio no es bueno, y lo que no es bueno, es malo, y lo que es malo es digno de temerse, aunque sea hipócritamente. Tengo el oscuro presentimiento de que en unas horas partiré. No sé a dónde, ni por cuánto tiempo. Espero que el viaje no sea en avión, porque siempre digo que los aviones me marean, aunque no sea cierto, pero aunque no sea cierto, los aviones me causan algún malestar; el de mentir tal vez, y por eso no me gustaría que el viaje fuera en avión. Me gustaría más que fuera a pie. Siempre he tenido ganas de caminar hasta encontrar el fin del mundo, o por lo menos llegar de nuevo al punto de partida. No quiero perder el tiempo con suposiciones. Si es la hora, partiré y punto. Acabo de recordar un olor. Trato de recordar a qué lugar está asociado en mi memoria, pero es inútil; solo puedo recordarlo por sí mismo. Aún falta para qué amanezca. ¿Cuál es el punto de todo? ¿De ti, de mi, del cielo, de los coches, de la literatura, de los pasteles, de los gatos blancos, de las escaleras, de las tarjetas de cumpleaños, del sexo, de la ciencia, de la historia, o de los finales felices? A final de cuentas, ¿para qué? Estaremos vivos solamente un instante, y, en cambio, estaremos muertos por toda la eternidad. Hace un rato sonó el teléfono. Era Luis. Quería ir al cine, y yo le dije "¿Para qué"?. Creo que no supo qué responder y colgó (Solamente después de que yo hubiera hecho exactamente lo mismo, claro) Debería leer a Kafka porque es un muy buen escritor. Nunca lo he leído, pero de algún modo lo sé. Tiene que serlo: es mi escritor favorito. Quiero escribir una carta, pero aunque encontrara el valor para escribirla, jamás sabría a quién enviarla. Qué ironías nos da la vida...

domingo, 3 de abril de 2011

Estoy cansado. Recuerdo con poca claridad qué sucedió anoche, o la noche anterior. Me es imposible distinguir entre mis sueños y aquello que en realidad ha sucedido. Estoy tendido mirando al techo y mi cabeza da vueltas; no sé si es de madrugada, o recién ha anochecido. Escucho conversaciones apagadas al otro lado de la puerta. Entorno mis ojos y trato de distinguir alguna figura, pero veo todo borroso. Siento todo mi cuerpo como un malestar extraño, como de haberlo perdido todo. No sé quién soy, ni dónde estoy. Cierro mis ojos para no volver a despertar.

[fragmento]

La mañana fría y gris me ha sorprendido despierto.. Algunas aves cantan alegremente en los árboles cercanos, y yo pienso en ti, como siempre. Ésta noche no he soñado, pero he pensado en tus labios; me parece que el mundo no es sino aquello que queremos que sea. Despierto, camino, juego un rato a que estoy vivo, camino entre la gente, silencioso, tropiezo con la vida. Sólo yo he decidido estar aquí. Cuatro paredes, una cama y demasiados libros como para contarlos. Cada día es cada vez más insoportable. Invento ficciones que den sentido a mi vida. Todo pasa, todo se olvida, y al final del día estoy sólo, tumbado entre las sombras y busco tu cuerpo en las tinieblas. Conozco bien la oscuridad, pero ¿qué somos nosotros?

Yo por mi parte, soy un cobarde sin más rudimentos para la vida que una memoria deficiente y mis deseos frustrados de ser escritor. A veces paso muchos días en silencio. Yo no tengo algo por decir y nadie parece querer escuchar mi silencio. Por desgracia en ésta infame ciudad siempre hay suficiente bullicio como para silenciar cualquier voz interna, por necia que sea. A veces tengo ganas de caminar y caminar hacia cualquier parte, perderme y no volver. Me invade la desesperanza y tengo la necesidad de escribir porque ─pienso─ es tal vez la única cosa que me gusta hacer, hágala bien o mal. A lo lejos escucho los ladridos matutinos de algún perro. Quiero morir, porque la vida no es ninguna moraleja, porque la vida es un viejo armario lleno de pretextos para soñar, de vacíos, de soledades que no acaban. En un rato emprenderé alguna ridícula travesía dominical para no asfixiarme con el aire viciado de mi habitación. Recuerdo algún Viernes: tú y yo bajo algún árbol, la interesante sensación de lo prohibido y el soplo desagradable del viento que mece feamente las ramas sobre nosotros y me provoca un sobresalto cuando acaricia la piel de mis brazos. Sin quererlo pienso en ti y me doy cuenta: estoy sonriendo. 

Me dicen a menudo que me haces bien. Que mis conversaciones ─tan parcas como siempre─ resultan más animadas, y que parece que veo la vida con otros ojos. Tomo un sorbo de té y la realidad se torna ineludible e inevitable. Hay cosas que no podría olvidar aunque quisiera, como aquella vez que... bueno, quizás sí podría. Lo interesante de la memoria es que recuerda justamente aquello que no necesita, y olvida aquello que es preciso recordar.  Ahora recuerdo: tenía 7 años. Mis padres no estaban en casa, y yo disfrutaba del silencio. Desperté y no encontré a nadie. Miré por la ventana y por un instante me sentí transportado a otro tiempo. Desaparecieron mis goces infantiles y por un instante vislumbré pensamientos ignotos, melancolías desconocidas y motivos ignorados. Si lo pienso bien, me sentí justo como me siento ahora. Retomo el aliento; el frío del exterior se cuela por la ventana. Te extraño; no logro comprender ésta extraña necesidad vital de tenerte a mi lado. A veces imagino que estás triste, quizás por aquellas cosas que nunca ocurrieron, o porque es domingo... yo qué sé. No sé qué hacer. Me resisto a convertirte en mera literatura, pero escribirte es necesario para no olvidarte, y para no olvidarme. Yo soy nadie y a la vez muchos, cuando estoy contigo. Quizás más que resignarme debería pensar que estamos hechos para estar distantes, para imaginarnos en lo intangible de la distancia y el viento, pero es difícil tener alguna certeza con ésta sed febril de ti y de tu cuerpo. De pronto experimento una urgente necesidad de trascendencia, un absurdo deseo por ser alguien sólo para ocupar un espacio en tu memoria. Afuera crece el ruido. La ciudad despierta lentamente. Quiero contarte mi historia; espero que no sea solamente un capricho. Ojalá lloviera. 

No me conformo con saber que a veces piensas en mi. Quiero saber en qué laberintos se pierde tu mirada cuando callas, me interesan tus motivos ocultos, tus sueños inquietos, tus horas oscuras. Ya ha amanecido y te necesito. Me haces falta... Tú y yo lo sabemos. Yo insisto, pero nadie me cree.

Haiku III

Tras las montañas,
         el pálido resplandor
del sol naciendo.

domingo, 27 de marzo de 2011

Viernes por la tarde

Sobre nosotros de cierne un fulgor a la vez áureo y pálido, como si el sol desapareciendo tras de la cortina, tras la ventana ─y aún más allá─, tras las contundentes siluetas de los edificios (Los edificios existen por sí mismos, pero sus respectivas siluetas existen solamente para ser contempladas por las tardes) se hubiera transformado en una delicada niebla que poseyera nuestros ojos y nuestros cuerpos, e invadiera gradualmente el espacio entre nosotros. El cielo se vuelve de un azul grisáceo, casi tangible; denso. Lentamente tu habitación se va oscureciendo, pero no llega a la penumbra ─Miro tu rostro apenas iluminado─, sino que queda agradablemente suspendida entre la luz y la sombra. Flota entre nosotros ese débil resplandor, opaco, palideciendo siempre un poco más, mas nunca definitivamente. Se entrelazan mis brazos con tu cuerpo, como nuestros alientos exhaustos se funden con el aire en un sordo rumor. La puerta cerrada es nuestro cómplice. Somos los únicos espectadores del cielo, de los árboles, de las aves que no cantan; de la latente oscuridad que se cierne indecisa, del silencio; de nuestro silencio. A las seis de la tarde hasta tu cama y tus ropas nocturnas son completamente poéticas; tu habitación pequeña,como un escondite es el camino a ninguna parte (Ninguna parte es un lugar bastante real. Hemos estado ahí los últimos 30 minutos, desde que tu madre se fue de aquí), por donde huimos de nada, del tiempo, de lo insoportable que es ser todo el tiempo nosotros mismos, de la absurda certeza de que tú y yo somos individuos distintos. Da lo mismo cuáles fueran tus intenciones, pues de cualquier modo todo sucedió justo como jamás podré imaginarlo, y como nunca esperé. Da lo mismo, porque al reposo sigue el reposo, o la huida, y al éxtasis sigue también el reposo, o la huida; y terminamos como comenzamos y como algún día terminaremos definitivamente: la mirada perdida, o tal vez acompañando al pensamiento ─éste sí perdido─en Dios sabe qué devaneos con nuestras esperanzas, anhelos y consolaciones, y con múltiples consideraciones acerca de la Verdadera implicación de hacerlo un viernes por la tarde. No quiero mirarte, porque te abrazo, o me abrazas; no lo sé muy bien: me cuesta trabajo distinguir dónde acaban mis dedos y dónde comienza tu vientre. Me dan ganas de consolarte, como si hubieras perdido todo, pero luego veo tu rostro tranquilo y tu cuerpo infinitamente calmo, repleto de mar y de arena y de viento; escucho tus exhalaciones como al rumor del oleaje y parece que me balancean suavemente con su arrítmico pero cadencioso vaivén. Ahora pienso que hace unos instantes todo tu cuerpo era una ola, ése lento vaivén marino, y te convertiste en el mar, en el lecho de todos los ríos. Pienso que me equivoco cuando digo que no hay cosa alguna que pudiera hacer ininterrumpidamente por toda la eternidad. Ahora sé que hay dos: la muerte. La gran muerte y ésta: la petit mort. Por fortuna ambas pueden experimentarse con la relativa prerrogativa de escoger la hora y el lugar. Digo relativa, porque tengo una misteriosa habilidad para perderme y llegar siempre tarde. Aunque en éstos casos es una muestra indudable de caballerosidad y gentiliza el llegar un poco tarde, siempre y cuando el beneplácito ajeno esté debidamente asentado en un egoísmo lo suficientemente hedonista. Mi padre me espera, pero no me importa. Soñaré contigo hoy, y mañana, hasta que recuerde cada rincón de tu cuerpo tal como ahora lo contemplo. <> Hemos de volver a tierra firme, el lugar de las grandes verdades. De alguna manera despierto y seguimos aquí; todo parece real aún. Me doy cuenta, sin saberlo, de que por fin nos hemos sumido en la oscuridad. Adivino tu cuerpo en las sombras y aún te tengo; aún me tienes. Busco a tientas tu pecho y siento tu respiración sobre mi antebrazo. Las manecillas de mi reloj me devuelven lentamente a la realidad por segunda vez. miro la hora. Es hora de volver. Debo tomar el autobús.

Salimos por la puerta y todo está en penumbra, como si allí dentro hubiésemos resultado inmunes al paso del tiempo. La televisión aún está encendida ─también inerme─. Bajamos las escaleras. Tú detrás de mi. Siempre he estado profundamente convencido de que es de muy mala educación abrir o cerrar una puerta ajena, aún cuando ésta dé a la calle, así que que dejo que bajes las escaleras para que abras ésta puerta, y yo salgo primero. Caminamos sumidos en los más parecido que conozco a la inconsciencia animal ─la que según Pessoa debemos vencer─. Pienso en ti, aunque estás a lado mío. Tengo la sensación de tener tu boca en mi cuello. Cruzamos no sé cuántas calle y esperamos en cierta esquina ─mucho tiempo he querido esperar de noche contigo en alguna esquina─. Por fin se acerca el autobús; te doy el último beso de hoy y subo por la escalerilla. Pago distraídamente al conductor con algunas monedas mientras te veo caminando de regreso. Busco un asiento, y cuando vuelvo a buscarte a lo lejos, te has ido. Suspiro con resignación y trato de imaginar cómo y cuándo será la próxima vez.

miércoles, 23 de marzo de 2011

Todos tus gestos son aves;
fluye el rumor
de tu incesante aleteo,
respiro alado.

De tus dulces alas
mana la vida,
el hálito tibio
de todas las cosas;
dulce néctar,
fresca brisa
bajo tu boca;
susurra,
suspira...

sábado, 19 de marzo de 2011

Elegía

No hay camino de vuelta.
Hoy he visto el último mañana.
Solo quería ver la Luna,
sentir el viento...
¿Qué hay de malo en ello?

Si éstas son mis últimas palabras,
que estén llenas del gozo
que yo nunca tuve.
¡Que nadie manche
con sus lágrimas mi camino!
Que nadie llore...

Así pues, ¡Rían!
¡He muerto!
Amanece el silencio,
y he aquí que he olvidado.
La tenue luz avisa
una sed desconocida.
La ternura de tus manos
tiembla en las ramas sin hojas
en el marco blanco
de mi ventana.
La mañana gris y pálida
languidece como palabras derrumbadas,
como la punta de tus dedos
o tus párpados cayendo.

Me dan unas ganas tremendas de llorar,
por que no sé,
no te conozco,
no te poseo.
A ratos parece
que te vuelves un poema
y te leo,
te escribo.
Toco tus manos pluscuamperfectas,
palpo todas tus sinécdoques:
¡agua!
¡nube!
¡viento!
¡río!
(...)
Mas cuando estoy a punto
de besar tus labios oximorónicos
descubro furiosamente
la locura.
Me hundo dulcemente
en éste caos
de muerte flotante.
Vacío mi mente en la tierra mojada
y huyo.

Las vírgenes horas vacías
desfilan prístinas
e intocables
frente a mi puerta,
como el mar,
o la luna.
Se van para siempre todas,
cada una...
No es posible volver,
ni dejar de estar solo...
Si pudieramos hallar
lo que nos espera;
adivinar en las sombras,
olvidar en lo incierto...

Despertar, tal vez
mirando al Sol,
conocer tu rostro...
En ésta dulce y nuestra soledad
te santifico, te maldigo...
Te contemplo en la lejanía
mientras en mis abrazos te abrigo...

Apoteosis

Por un momento digamos
que lo inmemorial ha despertado.
Que los dioses de tu cuerpo
devuelven al mundo
el fuego perdido.

Digamos que he muerto
y en el río sagrado de tu boca
tranquila mi alma abreva.

Se me antoja que entonces
todos los días serán viernes santo
y cantaremos tu nombre,
y en tu nombre cantaremos
himnos y alabanzas.

Y entonces,
¡Qué lúcida clarividencia!
¡Qué languidez tan etérea!

La otredad divina
manará de tus ojos
y entonces encontraremos
                                        el paraíso perdido.

Teogonía

Cierro los ojos.
El mundo, entonces,
renace ante mi mirada.

Con una mano haces al Sol salir.
Mueves la otra, y huye la Luna.
Tocas mis párpados
y en mis ojos pones el firmamento.

Sonríes,
con ese gesto infinito
de saberlo todo.

─¿Sabes qué es la esperanza?─

Luego miras perdido al horizonte.
(Hemos de hallarnos allí,
donde la vista no alcanza.)

─Y nada habrá ya por hacer─

Un furor extraño
invade tus pupilas
y son entonces lluvia,
árbol, pregunta.
Sea tu cuerpo mi santuario
y mi sepulcro;
la piedra de mi fe
y el estertor de mi agonía.

¡Sea la noche
nuestra sed febril!,
¡Agua clara y transparente
que en la zozobra del tiempo perece.

Tú sonríes afable
y el mundo, entonces, calla.
Cruzas los brazos y nada dices.

¿Está todo perdido?
¿Aún hay algo que hacer?

De pronto, ¡el milagro!
Tomas mi mano
y la transfiguración ocurre:
Muerte, sol,
flor mística.

Entonces eres como un ave;
insondable, vuelas en todas las cosas;
Posas el vuelo y desapareces.

¡Siempre vuelas!,
¡Siempre vuelves!
En el cántico vaticinante
del follaje,
en el flotante resplandor
que lo atraviesa,
en un haz de polvo, invisible a instantes.

Del fuego nacimos.
En el agua fría
de tus ojos abiertos.
En el hálito gris de tu boca...
Tu boca silente, 
esperando a ser
encontrada....

viernes, 11 de marzo de 2011

Yo no

Yo no te quiero como cualquier persona,
yo te quiero como los días más importantes de mí vida.
Como alguien que quiere la libertad y el deseo.
Yo te quiero de una manera irregular pero constante.
De una manera lenta pero desmedida.
Te quiero como un desconocido, que te conoce y se enamora día a día.
Como esa persona que olvida la fecha y la hora.
Como un ciego que cruza una calle suicida.
Yo no te quiero como cualquier persona,
te quiero como yo solo yo se que te quiero.

¿Volando en el viento?

¡Qué se deshagan mis manos,
mientras fumo los recuerdos
y los suelto al viento!

¡Qué se caigan mis ojos,
y ya no te vean personificada!

¡Qué de las cenizas surga un alma nueva!

¡Qué el viento sea mi compañero,
y me lleve a tu lugar de olvido!

¡Qué así, se consuman mis manos,
después mis brazos...
-y ya no te abrace-

Volvérme uno de tus recuerdos,
¿volando en el viento.?

La calle sigue aún mojada...

La calle sigue aún mojada,
mientras agoniza el alma
después de una llovizna.

¿Cuándo fue el día,
en el que tu adios se llevó mi alma?

¿Cuál fue el alba,
que vio mi cuerpo hecho humo?
Humo si rumbo, sólo humo
que poco a poco se perdía.

No quiero tu olvido,
solo tu último recuerdo.

Quizás seamos la antítesis amorosa.
Quizás te amé hiperbólicamente.

La calle sigue aún mojada.
Y no recuerdo el día,
ni la vida.

Sólo se que humo soy
y en cenizas caigo.

La calle sigue aún mojada,
y se disipan todavía mis lágrimas en el suelo.
Siguen intactas,
intactas con tu reflejo.

Y tu reflejo me mira...

Y yo paso de ser humo, a una lágrima.


martes, 22 de febrero de 2011

Apología a la página en blanco

De nuevo aquí, frente a frente. Estoy ante lo inimaginable, ante lo inconmensurable: la burlona e interminable vacuidad de éste trozo de papel. Parece difícil creer que ninguna de las cosas que se comunican intangiblemente entre mi pensamiento ─memoria, anhelo, contrición , deseo─ y la punta de éste lápiz se atreva a ser liberada ante ésta nada tremenda. Éste y no otro es mi miedo más sincero, mi temor más secreto. Ahora estoy indefenso conmigo como único testigo. Solo yo sabré de mi fracaso. Solo yo sabré cuánta impotencia, cuánta vergüenza he de sentir al sucumbir a la convincente amenaza que ésta hoja me presenta. Quien viera ésta lucha encarnizada notaría lacónicamente mi evidente debilidad; lo fácil que me doy por vencido. 

Me sorprende el metodismo con que sopeso mis ideas solo para inmediatamente desecharlas, ninguna suficientemente digna de tan nívea grandiosidad. Me gustaría ser de aquello que no escatiman en derrochar palabras; de aquello que tienen por decir cosas maravillosas, grandes verdades. Quizás, entonces, éste sería un asunto fácil, y no la ignominiosa  tortura a la que me someto cada tercer día, cuando al parecer he hallado las palabras precisas para decir justamente aquello que ha estado tanto tiempo en mi cabeza y corro con excitación a buscar mi cuaderno, solo para comprobar que la aparente genialidad de esas líneas se ha ido, y, en lugar de ella, me queso solo con ésta mísera página en blanco.

Calma

Las aves ─heridas─ cantan.
Las copas de los árboles
se desbordan en silencio.
Los sauces ─tristes─
lloran.

La calle está mojada
y el agua amortigua
mis pasos
en el aire;
llega flotando
el susurro
de la vida renaciendo.

A través del espejo
contemplo
el nuevo cielo,
y vuelo.

miércoles, 19 de enero de 2011

                          Las aves cantan
                                sobre las altas ramas
                   de los cerezos

jueves, 13 de enero de 2011

Un viaje de vuelta

Calla, amor mío; calla.
Deja que me hable tu silencio;
deja que tus lágrimas rotundas
inunden mi cuerpo.

Deja que mis manos
recuerden tu rostro;
deja que mi boca
encuentre tus labios.

Déjame palpar tus ojos,
déjame sentir tu aliento.
Déjame llevarte a cuestas,
déjame llevarte dentro.

Deja que pasen las horas,
deja que se pase el tiempo;
deja que tu rostro sienta
la suave caricia del viento.
Yo sé que a veces me extrañas,
yo sé que sientes que la vida se te escapa,
y en cada suspiro sientes tu último aliento.
Sé que tu pensamiento se ha adherido a mi cuerpo,
que sin darte cuentas dices ─Te amo.─.
Sé que entonces lloras a lágrima viva
y corres sin rumbo a mi encuentro.

Sé que en las noches tus ojos se cierran
con ese aire triste de astro entreabierto;
es eco de tus lágrimas retumba en tus manos
y tus manos revolotean persiguiendo un momento.

miércoles, 12 de enero de 2011

Reencuentro

Ahí estuve. Tuve la cautela de llegar prudentemente tarde. Te busqué y no estabas, pensé.Te habías ido ya, pensé. Quizás aquel rostro que recordaba como tuyo era el producto de largas idealizaciones. Quizás miraba hacia otro lado mientras explorabas mi rostro desconocido. No te culpo. Ni yo mismo me reconozco. Y de pronto ahí estabas. Me detuve. Me miraste. Dudaste. Dudaste por un momento. Ahí estábamos. Los dos. Como un reencuentro. Extendí mis dedos, pero  no pude palpar tu rostro. Ahí estábamos, invisibles el uno al otro: indetectables. Entre nosotros alguna suerte de cristal. Había en ello mucho de complicidad. Sabíamos; siempre sabemos. Nos encontramos. Presentíamos nuestra presencia. No quisiste hallarme, yo no quise que me hallaras. Mi corazón palpitaba vigorosamente. El furor me dominaba. En cualquier momento te volverías, sonreirías y dirías ─Cuánto tiempo.─. Guardé esperanza. Aún parecías adivinar mi pensamiento entre la gente y me buscabas ahí donde no estaba. ─Será en cualquier momento─, pensé. Caminaste a las escaleras, y pensé ─Se va─. Quizás sería mi última oportunidad. Quizás, pero había que hacer honor al recuerdo. Había que olvidarnos solo para que nuestros mutuos recuerdos atormentaran nuestras memorias. Así lo planeé. Dejé que te fueras. No te volvería a ver jamás, tal como la última vez. Te alejaste y entonces revivió en mi la vena de lo idiota. Aquello que tú y yo sabemos compartimos desganadamente con el resto de los seres humanos. En nosotros es diferente. Así tiene que ser. Caminabas pausadamente, como si quisieras que te siguiera. Caminabas. Esperé a que tu cabeza desapareciera para estallar en carcajadas. En lugar de eso, corrí. Mis piernas corrieron. Grité tu nombre y grité ─Aquí estoy. Soy yo.─. Corrí. Bastarían unas cuantas palabras. El tiempo nos excusaría y todo transcurriría bien. Sonreirías, y nos pondríamos al tanto de esas nimiedades que los demás llaman vida. Corrí. Y no estabas. Te miré, y por última vez, me miraste. 

domingo, 2 de enero de 2011

Es la primera madrugada del perfecto año 2011(y digo perfecto porque hasta ahora no me ha pasado nada malo) y yo en frente de una computadora me pongo a pensar...Es muy cierto eso que dicen que ya cualquiera es escritor, pero no me preocupo demasiado porque aún faltan muchos lectores, como sea es muy tarde y mañana por la mañana tendre que levantarme para ir a reunirme con mi mamá en una iglesia a la que destesto, pero mi consuelo es que justo en este momento prenderé mi último ciarro del día, y ya podrán imaginar que aunque prometí a mamá llegar temprano es poco probable que de buena gana me pare, bañe, desayune, tome el metro, un pesero, camine y llegue con una sonrisa a un lugar donde adoran a un dios en el cual no creo y todos fingen una sonrisa hipocrita para aplacar las ansias de aceptación de unos cuantos fanáticos religiosos...Como sea no debemos empezar mal este perfecto año, asi que creo que sí; me pararé, desayunaré, tomaré un pesero y bla bla bla bla y llegaré con  una gran sonrisa disfrutando que a pesar de cualquier cosa el mañana es hoy y estamos aún vivos. Bien solo me resta decir que me gustaría hablarte Zanella...Se acercan casi dos años desde que nos hemos visto y a pesar de lo poco(o mucho que nos hemos conocido) sabes que estas constantemente presente entre los personajes que en cierta forma rodean mi vida. Feliz año nuevo.  

jueves, 18 de noviembre de 2010

ADIOS

La luz de la última ventana,
apunto de caer.
Como este sol otoñal,
que se acaba de meter.
Llenando los últimos rincones,
de un largo y adios.
-momentáneo e inseguro-
Donde pronto en la obscuridad te quedarás,
sin saber e imaginar...
de cuando esa luz volverá.

Las mañanas frías.

Sucede que esta mañana, 18 de Noviembre del 2010 recordé lo importante que es actualmente un amigo.
Recordé tardes largas de poesía, vientos fuertes de placer. Y sin embargo, hoy, exactamente, ni ayer ni mañana, me di cuenta de lo importante que es hablar, que te escuchen y sobre todo que te sientan y te trasmitas con versos , hacerte inmortal.
Es por eso que, Alex, mi más mero compañero de la vida, mi pluma y libreta de escribir, vea que rotomo la publicacion de mis versos.
Transmitirme hacia el con esta poesía,
y sobretodo, se olvide la distancia.

Tambien me di cuenta que ultimamente me encuentro muy solitario, no es que lo haga concientemente, si no que pierdo la cordura, y descubro el silencio de las hojas...y cualquier objeto, que me separo de eso que me mantiene vivo: MIS AMIGOS
es por eso que gracias a Alex, me teneis aquí de vuelta para no para de escribir.

miércoles, 13 de octubre de 2010

A veces me gusta pensar que te he conseguido;
que con rozar tu sombra cuando camino tras de ti
te conozco, y me conoces.

A veces me gusta pensar que existes, que estás aquí;
que si digo tu nombre, vendrás, y que si voy, estarás.
Pero ni voy, ni te llamo.
Me oculto en la sombra esperando a que mires atrás.

martes, 12 de octubre de 2010

Plegaria

Hace mucho que descubrí el silencio. Es otra forma de sobrevivir en esta realidad tan extraña. Nunca he entendido muy bien por qué a la gente le gustan las mentiras.Tantas voces, tanta gente. Todos hablan, caminan, el cielo, los árboles. Es difícil saber cuando alguien sabe que estás ahí. Siento el viento en mi rostro. No hay mucho que hacer. Hay tanto que quisiera decir. Ellos me han amordazado. ¿Cómo puedo pedirte que estés conmigo? ¿Cómo puedo pedirte que me preguntes, que que quieras saber mi historia? ¿Cómo debería pedirte un abrazo? Debo esconderme tal vez. Tal vez para que me busques.La oscuridad, las lejanías.Todo cambia. Es una lástima que todo cambie. Quisiera abrir una puerta por donde cualquiera pudiera pasar. Hace mucho que descubrí el silencio. ¿Quieres ser mi amigo?

jueves, 30 de septiembre de 2010

La leyenda del colibrí

Fue aquel día, en que no pude encontrar mi alma. Fue entonces que me hice un rostro y te fuiste. Te convertiste en joya alada y te fuiste revoloteando. No dijiste adiós, pero supe que volverías. Desde entonces te espero aquí, parado entre toda esta gente. 

Debo decir que me cuesta trabajo sonreír. Siempre lo hago con remordimiento, pensando que en algún lugar estarás tú, tal vez triste y con frío; y yo aquí, sonriendo como idiota. A ratos mueres, resucitas, pero nunca regresas. De algún modo nunca desapareces y me pongo de luto, o de romántico y sentimental; otras veces cierro los ojos y río, tomas mi mano, y ríes, y puedo oler ese olor penetrante del tapiz sin color que adornaba tu habitación. Casi puedo tocar las teclas de aquel piano, la seda de aquella cortina, la suavidad de tu rostro. Te fuiste, es verdad. Todavía a veces abro las puertas de cualquier lugar esperando que tras de alguna estés; que sea yo quien esté llegando tarde y que nunca hayas partido. ¡Cuántas cosas hubiera hecho contigo de saber que no volverías! ¡Qué aventuras! ¡Qué idilios! ¡Cuántas historias hubiera escrito en tu piel con el furor de mis manos! Mis manos... ¡Cuántas veces te tuve entre estas manos enjutas de poeta ya sin esperanza! ¡Cuántas veces te dejé escapar! Cuántas veces...

Ojalá me cansara de esperarte. Ojalá un día despertara e hiciera las paces con tu ausencia u ojalá pudiera olvidarte. ¿Olvidarte? ¿Olvidar cómo brilla el sol? ¿Olvidar el olor de la noche, la suavidad de las rosas o la frescura del viento en el muelle? ¿Olvidar cómo cae el agua? ¿Olvidar a qué sabe la esperanza? ¿Olvidar que he vivido?

Aún recuerdo tus manos hechas como de flores tiernas, tus ojos  inundados de miel y alegría; aún recuerdo cómo reíamos sobre el pasto, cómo veíamos pasar los coches, como caminábamos, y caminábamos, y caminábamos.





viernes, 17 de septiembre de 2010

¿Qué significa seguir?

¿Olvidar?
¿Recordar?
¿Amar?
¿Creer?

¿Esperar?
¿Soñar?
¿Saber?

¿Caminar?
¿Ignorar?
¿Escoger?

viernes, 10 de septiembre de 2010

¡Ah soledad!

Tú: más mío que mi mano izquierda,
el aire triste, y caminar.

Un gota cae.
Un pedazo de luz la atraviesa.
Atrás: un árbol y una piedra.
El sueño del asceta.
Cae la doncella.

Cae una pluma, una hoja,
el profeta muere,
y atravesando su cadáver,
el cielo.

¡El cielo!

martes, 31 de agosto de 2010

[Qué tristes son las despedidas]

¡Qué tristes son las despedidas!
¡Qué fugaz la palabra en tus ojos,
qué furtivo el jamás!

¡Qué oscura la noche
condenada a la memoria
en que renace el sincretismo
de un largo viaje!

¡Qué largos los días,
qué triste la vida!

¡Qué ansia, qué pena!

!Qué larga es la espera!
He muerto y no puedo sino darte una sonrisa;
recoger flores con la mirada, y asentir con el viento.

Caminar y escuchar mis pasos,
cantar y ver latir mi corazón.

Recuerdo que antaño la gente sonreía,
que la gente daba un paso y se movía.
Recuerdo la plazuela, las carretas,
recuerdo ese primer beso.
─Solo a ti─ dijiste.

Qué triste la alegoría:
 Un gato sobre la fuente,
 una serpiente en el túnel,
 un hombro seco,
 un adiós marchito.

Qué triste la duda.

miércoles, 18 de agosto de 2010

Otra vez el amor

Detente.
Una lagrima cayendo inevitablemente.
Un sueño.

¡Cuánto quiero decir!
¡Cuánto quiero olvidar!

La rosa muere
entre velos de rocío.
Una nube; la luna.

¡Oh esperanza
de las travesías
a la tierra prometida!

¡Oh tristes palabras
en tu boca ansiada!

Detento.

Por favor detente.

lunes, 16 de agosto de 2010

Quiero ser

Un resplandor octagonal
en la ventana;
ese viento que se cuela
entre las rendijas de tu alma.

Quiero ser la página central
de un libro olvidado,
la noche que se escapa
cuando llega el alba,
la rima, la letra
el silencio...

Quiero ser ese hombre
que camina,
ese tipo triste que va cantando
por la calle;
quiero ser el cielo,
la tierra,
la culpa absuelta.

Quiero ser la mañana,
una silla desnuda,
un duda con frío.

domingo, 15 de agosto de 2010

Apología

Quisiera encontrarte aquí,
caminar a través de la noche;
que mi rostro se iluminara de pronto
por una luz misteriosa
y de pronto,
(Ahí)
tu figura edificada desde tu sombra.

Horizonte

Ventrículo izquierdo, corazón abierto.
¿Es a él que buscas?
¿Aquí vuelas?
¿Aquí esperas?
¿Aquí callas?

Qué amar tan desmesurado,
qué besos tan desbocados,
qué hallar tan fortuito.

¿No es acaso, en el alba azul
de tu vientre que las llanuras
de tu ser se extienden?

(Esas olas invisibles del mar de tus ojos;
tu cabello flotando a la deriva)

Tú, pintando el cielo con los dedos.

Tu andar acompasado,
como de sombra al mediodía.

Y revivirán las sombras pálidas del olvido
en las almas.

No habrá ayer sin mañana.

Y ni si quiera el hombre podrá
salvarnos entonces.

sábado, 14 de agosto de 2010

De la tragedia de mi vida

No volví a encontrar un poema de Rubén Ruvalcaba, pero estoy seguro que ese día todos los hados se reunieron en mi favor, y es que un amor como esos que se han tenido tantos, y tal vez más extraños, son por los que vale la vida la pena. Los amores de rayo, aquellos que un día se reunen para no volverse a ver, por que a saberse que los sentimientos que no se expresan son los que se han de recordar. Ni siquiera recuerdo su nombre, pero el amor, el más sucitado de los sentimientos humanos, es el que ha movido todas las vidas. el amor es la vida real; el amor y el sexo, aquello en lo que todo el mundo piensa. Se reunen los todos en un punto; millones de historias creando creciendo cesando todo. ¡Viva la vida ! ¿Qué más me queda decir? Que viva mil veces. No hay otra cosa. Amor y sexo. Profano y cortés.

jueves, 29 de julio de 2010

Tú lo sabes

Como un árbol sin copa,
como un toro sin ruedo,
como un cielo sin nubes,
como un cobarde sin miedo.

Como un hombre sin sombra,
como una sombra sin dueño,
como una noche sin luna,
como un deseo sin veneno.

Como el mar sin espuma,
como un mudo sin secretos,
como un ayer sin mañana,
como un hoy sin recuerdo.

miércoles, 28 de julio de 2010

De la poesía

Sin saber por qué, me dió por escribir poesía. Quizás así puedo escribir un montón  de generalidades sin que me llamen científico, o cuerdo. Puedo ponerle "verso" los mismo a media rima que a un punto y coma; a un serventesio que a una grulla de letras. Puedo poner un vaso en el baño, un grito en el cielo, o un treinta y dos de febrero en el calendario. Puedo dejar la soledad para los tontos, o el amor para los locos. El vicio para los virtuosos y la virtud para tus procos. Puedo comenzar lo mismo por el medio, que por final; al fin nadie entenderá lo que quise decir y ─con suerte─ entenderán lo que quisieran, pero no pueden decir. 

martes, 27 de julio de 2010

Abrázame cuando tengas frío.
Recuerda.

El eco del poeta (fragmento)

En un lugar de La Mancha, de cuyo nombre quisiera acordarme, no ha mucho que quería abandonarme de todo. Dejarme ir para no volver; deshacerme para siempre de ese tipo pedante e insoportable en el que me he convertido. Se escuchaban las olas, el viento. Olía como a mar viejo; como si siempre hubiera existido. Sentí los estragos del cigarro: ya no sabía si soñaba. Era un hermoso paisaje, sin duda. Daban ganas de verlo por una ventana.

¿Quién diría que ahí estaba yo?

Comencé a recordar el ruido lejano de las aves mientras dormía a medio día. Esa misma soledad que entonces sentía; cuando despertaba llorando y ya no veía hacia arriba. 

Hace mucho que todo aquello acabó. Quizás se me terminaron las lágrimas, o quizás morí de tristeza. No sé. Quisiera esconderme de todo; de nada. Escribir y cantar, nada más. 

sábado, 24 de julio de 2010

Mírame

Una ventana marchita,
un libro que ya no se lee,
un mudo en el campanario,

un alba por la noche
y morir al amanecer;

un misal abierto en lunes,
una carreta sin ruedas;

una sombra abandonada
con una duda moribunda;

una nota sola sobre la mesa,
un trozo de madera seca,
un ayer sin porvenir,
una tarde sin recuerdo;

una manzana mordida a medias,
un cielo sin escondite,
una esperanza sincera.

viernes, 2 de julio de 2010

¿A dónde?

¿Dónde he de buscar la verdad?
¿A dónde llevaran mis pasos
a estos tristes sentimientos de franqueza?
¿Dónde es que se perdió el destino
para dar paso a la circunstancia?
¿A dónde iremos para reencontrar
nuestras pretensiones de grandeza?
¿Qué le sucedió al aplomo
      de tus versos y tus palabras?
              (A ese acento triste con que
              arrastrabas las palabras
              sobre tu espalda;
              y soñabas con un mejor mañana.)

¿A dónde iremos para escapar de
ésta realidad tan inexorable?
¿Cómo deconstruiremos
nuestros pasos? (Las formas inherentes
                           del sentimiento minimalista)


¿A dónde iremos?

            

              ¿A dónde?



                      ¿A dónde?
Ven, vayamos a ningun lugar,
Donde nunca nos encontramos.
Perdámonos entre nosotros;
Divaguemos de Aristóteles
Y del Séneca...

Entonces me verás a los ojos
Y me dirás esos versos
Que tanto me gustan.

Ven, vayamos donde valga la pena;
Hablaremos del nunca
Y del todo haremos conclusiones.

Ya no habrá más ¿volverás?
Estaremos ahí siempre.
Tú a mi lado y yo al tuyo

Como si valiesen las cosas la pena,
Sonreiré y tu sonreirás
Siempre siempre siempre.

martes, 29 de junio de 2010

La balada del vagabundo

Aquí te traigo un pedazo de mi vida,
mi sonrisa carcomida,
mi cara destrozada;

mis sueños que han sido
                    aplastados
por el imperio de la razón;
mis manos sucias y ásperas;

mis ojos tristes que han sido
testigos de los inicios del mundo
y del fin de la vida;

mis esperanzas cansadas;
mis anhelos raídos
                      de tanto usarse;
mi corazón endurecido;

mis noches frías,
       mi andar sin rumbo,
el hambre a secas,
el amor perdido.

lunes, 28 de junio de 2010

Elegía y lamento por un amor (¿perdido?)



1. Elegía

No hay razón en razonar
de cualquier amor,
cualquier razón;
eres tú, pues, la razón
de mi vivir, de mi existir.



Ahora puedo jactarme del usufructo de mis agonías;
el recuerdo de un viacrucis bien merecido
se agolpa en mi memoria mas o menos cada tercer día;
aquellos días en que mis esfuerzos
se velaban por las noches 
a la luz de un beso inalcanzable;
de un instante acompañado de su voz.

Aquellas ansias, aquel infame deseo de no estar solo;
la imperiosa necesidad de un abrazo
y el incesante anhelo de un presente.

2. Lamento kitsch

¿Qué resurrección espera a éste amor muerto?
¿Hasta dónde llegarán los pasos infernales
de ésta extraña simpatía?
¿Qué impertérrito dilema planteará
tu compañía?

¿Quiénes serán los mártires de ésta ocasión?
¿Qué engaño tan pluscuamperfecto
han de protagonizar mis palabras más esdrújulas?
¿En dónde se encontraran de nuestras almas
las grises lúnulas?

sábado, 26 de junio de 2010

Aún se oyen a lo lejos las voces de unos días pasados perdidos y apagados por las consultas psicológicas y el mar oscuro del olvido, por lo nuevo y lo desconocido hasta ahora como si fuese la Europa descubriendo América, por todo y el todo, que el mundo es diferente cada día. Sin embargo se oyen aún, como digo a lo lejos, rumores oscuros como un tunel. Se sienten los sonidos de un Zanella al teléfono, de un Diego en las gradas, de un Maurcio en una banca. Se escucha el cálido sabor de las tardes con mis abuelos, y el sencillo ardor de aquel lugar italiano en mi cama. Todavía diviso en mi memoria, a punto de extinguirse, el complejo laberinto de las luchas con mis monstruos que ahora son en realidad parte sencilla de mi vida. Siento ya petrificadas las memorias de mis compañeros de secundaria, y de mis platónicos instantes. ¿Aún queda Rimbaud en la sangre intoxicada, ya por seratrin, ya por cocaína?¿Queda todavía ese joven emocionado por la vida tan compleja? ¿El necio e inseguro descubridor de una monótona vida? Sé que no. Profunda ansiedad me aqueja por el rápido cambio en toda mi vida. Sin saber qué más realizar sigo los esteriotipos de las personas en mi situación. Todo empieza extraño y nadie lo entiende bien. Estando una plena tarde de sábado en mi cama sugirió mi madre me bañara. En el transcurso del baño sucedió la sorpresa...¿Quién es Mauricio? Supe al instante que había leído mis mensajes. La larga agonía se prolongaría por mucho tiempo. Mi madre decepcionada lloraba cada instante como si fuese mi culpa. La escuela, que yo sabía en cierto momento habría de extinguirse, se extinguió antes de lo previsto sin yo poder hacer nada. Mi familia no se atrevió a dirigirme a bien la palabra. Nadie me comprendió. ¿Dónde estabas Mauricio cuando perdí el afán por el cada día?¿Cuando igual me dió despertar que estar dormido?¿Te encontrabas cuado una tarde ya no regresé a la banca?¿Cuando un día Andrea te dio las negras nuevas y la escuela hizo luto por mi ausencia? Sé que sí, que lloraste más por mi y que contaste los días...¿Qué es esto? te pregunté el día de mi regresó cuando Andrea lloró de alegría...Son 59 estrellas, una por cada día que no te vi...Poco después te corte, lo siento pero la falta de ti me hizo olvidarte, ya no sabías como cuando el deseo firme de tu persona me hacía cada día despertar para verte. No debí cortarte, pero a pesar de todo me sigue tu fantasma cada vez que me siento solo.

Infancia

Hoy me atacó el embate incontrolable, inefable, inexorable del sentimentalismo. También lagrimas varias, por supuesto. Descubrí una pequeña caja debajo de mi cama; no había visto la luz del día en no pocos años. Ahí tenía, escondidos, los más preciados tesoros de mi infancia; ahora olvidados con la conciencia. 

Un ala de mariposa, un carrete de hilo rojo, tres plumas de paloma, una flor seca, un cerillo bicéfalo, una ramita de fresno, una moneda brillante, un pedazo de papel, unos cuantos guijarros grises, una cáscara de nuez, el envoltorio de celofán verde de un dulce de hierbabuena y un poco de polvo de 1998.

domingo, 20 de junio de 2010

Yo también te extraño; muy a menudo. A diario. Tú voz. 2 de febrero. También el 17 de abril. Los sábados por la mañana. En Churubusco. Pienso. Mozart. Rimbaud. Francés. Un sillón... He muerto. ¿Algún día nos encontraremos?
La esperanza no se va, solo muere y queda ahí: muerta, en espera de su resurrección. 

Queda ahí, en espera de la luz que le dé vida de nuevo, de una sola palabra que le urja a levantarse de su sepulcro.

Solo hay que tener un poco de fé en la esperanza. No ha muerto (del todo).

sábado, 19 de junio de 2010

(creo que las desgracias se llevaron tambien mi orotografía) ( y mi buen gusto) (y la esperanza)
Me sorprende que despues de tantas desgracias no tenga nada que decir, o es que tal vez las desgracias se han llevado hasta eso. En fin, es sorprendente como un myspace, un amor, una amiga y un celular te cambian la vida tan rapido.

La plaza

El viento de pronto escapó de entre nuestros cuerpos abrazados. El sol iluminó dulcemente tu rostro y las hojas caían con ceremonia hasta el piso de piedra. Mi mano se acercó temblorosa a tu rostro y acaricié tu barbilla justo debajo de tus labios. Te di un beso en la mejilla izquierda y me sonreíste. Dijiste tímidamente ─Gracias─. 

El portón de la iglesia se veía al fondo. Podía verse el abandono de las almas en estos días de ignorancia, indiferencia y tristeza. La gente caminaba, pero sólo éramos nosotros. 

Un extraño olor como de aforismos circundaba el aire en derredor. Dictamos las sentencias del amor en un beso, dijimos todas las palabras por decir con un te amo; te di todas mis caricias con un solo roce a tu mano.

Llegó la despedida, y no pude evitar voltear para confirmar que en realidad estabas ahí.

Ahí estabas. No había sido un sueño.

Sábado por la tarde

 Llovía y las luces artificiales de los coches dejaban ver tu rostro mojado entre el bullicio de la noche. Y cruzábamos miradas furtivas, leves sonrisas como un beso, como un te amo; como tomarnos de la mano.

lunes, 14 de junio de 2010

¿Hasta cuándo?

Esa era la pregunta. Sabía siempre lo que pasaría. De pronto me veía una vez más con nada más que mis lágrimas entre las manos. Esperar; eso quedaba. Esperar.

Siempre dije: seré feliz; y lo intentaba. Dejé a un lado el orgullo, la dignidad y me entregué por completo al destino, al azar completo que ofrece la ignorancia propia y la demónica sapiencia ajena. Poco a poco me convertí. Odié todo, a todos; por el simple hecho de ser todo como era. Sabía siempre lo que pasaría.

Ahora todo es distinto.

¿No mejor acaso que estar enfermo de odio y rencor, el estar enfermo de amor?

viernes, 11 de junio de 2010

No puedes verme;
no puedes imaginarme aquí,
sentado con la Luna
junto a la ventana.

Viendo mis pies descalzos
y persiguiendo tu olor
en un trozo de tela.

Víctima de clichés intelectuales,
volando en las notas tristes
de un blues menor hasta tu lecho;

haciendo navegar flores rojas 
con mis dedos,
abrazando con ahínco a la almohada,
esperando el instante en que sus burdos bordes
se transformen en tus brazos,
en tu voz, o en tus labios.

Algún día será, cuando nuestros encuentros
no se remitan a algún viernes por la tarde;
cuando tus manos de poeta,
tus ojos vaticinantes,
y tus labios de irremediable soñador
no sean un recuerdo,
un anhelo para otro día.

Y entonces la noche no será una despedida.

miércoles, 9 de junio de 2010

Lumos

¿Alguna vez has querido tener una esperanza?
¿Alguna vez te has sentido realmente solo?
¿No fue entonces que supiste lo que realmente era querer ser feliz?

Fue entonces que quise buscar dentro de mi, pero me asustó lo que quizás podría encontrar. Amortigüé mis preguntas con la almohada y me decidí a creer en las mentiras como si de verdades ineludibles se trataran. Alabé las palabras y quise resistir a pesar de los desengaños.

Nadie más podía llegar hasta ahí. De eso estaba totalmente seguro. Solo nos quedábamos tu y yo y tu imagen idealizada. Quizás fueras capaz. Quizás.

La gente diría ─Qué feliz ha de ser─ y yo respondería con una sonrisa.

Sabía ─sin embargo─ que un día amanecería solo y amordazado.

Aún ahora lamento que las cosas no hayan sido de otra manera. Que nuestras pretensiones no hubieran sido tan poco fantásticas, que hubiéramos podido huir de nosotros mismos como de nuestra realidad. Después de todo, algún día tenía que terminar.

La felicidad

Hace mucho que había renunciado a mis intenciones deterministas, en especial en lo que respecta a temas demasiado universales: Dormir ocho horas, beber mucha agua, caminar 30 minutos al día, que el respeto, la solidaridad, el nacionalismo...

En estos días nos volvemos cada vez más asiduos de los pretextos científicos y especialmente vulnerables a las estadísticas. He notado con tristeza que la abnegación ha desaparecido, y en su lugar tenemos planes y metas. Aspiramos a un mejor mañana, a un mejor país, a un mejor nosotros.

No sé, quizás la clave está en la ignorancia, ya accidental o intencional.

Yo solo sé que no sé nada. Yo sólo sé que no quiero saber nada.

martes, 8 de junio de 2010

Esperar


La ventana, las aves,
el viento, el silencio.
Tu cabeza en mi pecho,
mi mano en tu pelo;

el suave murmullo
de las hojas al viento;
el débil rumor
de nuestro pensamiento.






sábado, 29 de mayo de 2010

Volar

Somos mártires.
Nos toman de la mano,
y nos crucifican.

Cantamos a la libertad,
e inermes soportamos
nuestro suplicio.

Abnegados contemplamos
nuestros rostros tristes
y desesperados.

Nuestros pies descalzos
y con llagas
recorren el camino
hacia nuestra perdición.

Escupan nuestros rostros,
perforen nuestras costillas
y forzen el arrepentimiento
sincero en nuestros pensamientos.

Nosotros sonreiremos.

jueves, 27 de mayo de 2010

Eres


La calma de mis días,
la diástole de mis pensamientos,
la declinación de mi filosofía,
la perdición de mi egoísmo,
el renacer de mi poesía,
la evolución constante,
el olvido del olvido,
la derrota de la soledad,
la fuerza en mis pasos,
la vida en mi respirar.


sábado, 1 de mayo de 2010

Dime, ¿qué quieres que sea?
Eso seré.

¿Quieres que muera?
Moriré

¿Quieres que sea?
Seré.

¿Lo entiendes?
Daré lo que quieras.
Quiéreme.

Siempre esperando a que termine,
encuentro una más.

¿No fue acaso un buen momento?

sábado, 10 de abril de 2010

El ocaso de la fé (fragmento)

Lo miré a los ojos y pude ver mi propio rostro reflejado en los suyos. Sonrió y de pronto todo ─yo, la silla, la habitación y la ventana vacía─ parecía precipitarse a sus pupilas. Sentí cada átomo de mi cuerpo pasar a través de él tan rápidamente que todo aquello fuera del alcance de mis ojos parecía desacelerarse al infinito, convirtiendo el tiempo en algo casi tangible.

De un momento a otro estaba en mi cama. No podría asegurar que había sido un sueño. Tampoco parecía real.

Me incorporé y me toqué la cara, esperando encontrar un agujero extraño en lugar de mi nariz. Todo estaba en su lugar.

Debían ser las seis de la tarde. La luz del Sol se filtraba a través de las cortinas de gasa blanca e iluminaba las micelas de polvo que bailaban traviesamente frente a la ventana, tiñéndolas de rojos anaranjados que me recordaban aquellas tardes en el parque.

martes, 6 de abril de 2010

Océano

Tú, testigo omnividente,
confiable predilección de mis
días más tenebrosos,
amable consuelo
de mis penas.

Tu nombre atesorado
ha sucumbido
a la crueldad de tu humanidad.

¿Todo ha terminado?

sábado, 3 de abril de 2010

Los árboles

Mira cómo revolotean,
cómo se rinden,
cómo se arrancan.

Cómo sonríen
con tan ciega furia
y cómo contemplan
el cielo con ansias.

Mira cómo se agitan
con tal dulce hipocresía,
cómo se mueren
y resucitan;
cómo se deshacen
en llantos
y melancolía.

lunes, 29 de marzo de 2010

Dime

¿Quiénes somos?

¿Quién doblega nuestra paz?

¿Quién ha arrancado impunemente
nuestros sueños de raíz?

¿Quién sonríe por nosotros,
quién nos ama?

sábado, 27 de marzo de 2010

Atardecer

Yo soy.

Duermo tormentosamente
sobre la punta de aquel árbol decrépito.

Bombardean mi casa,
mi templo
y mi alegría.

Los gorjeos suaves de las aves
se transforman en rugidos infernales:
en trompetas terribles
anunciando el final de los días.

Despierto mientras caigo.

Aterrizo

y me encuentro con extraños parajes
grises y empolvados.

El cielo de satánica iridiscencia
se cierne sobre nosotros,

la lluvia pinta en el sueño gris
cuadros ignotos
de pasión y dolor.

¿Qué hago?

Soy demasiado cobarde para seguir viviendo,
pero también para morir.

Mátame!

(Creo estar en el suelo, pero sigo cayendo.)

Todos los muertos se acercan.

Me tienden la mano y regurgitan

(sobre mi),


miénten y aman al porvenir,
a mi, a nosotros.

Luego se ríen burlonamente,
me escupen y me abrazan.

─Lamento no poder ayudarte─ dije entonces.

Y quise despertar, pero no pude.

sábado, 20 de febrero de 2010

No eres tú, soy yo

Soy yo que me despierto por las noches
diciendo tu nombre,
que amanezco con lágrimas en los ojos
cada mañana.
Soy yo, adivinando entre tus palabras
alguna señal de partida hacia todas partes.

Soy yo que poco a poco
─y en silencio─
voy llenando mi corazón
con un poquito de ti
en cada tarde.

Ya estamos aquí.
¿Qué sigue?

No te sientas mal.
No eres tú, soy yo.

martes, 26 de enero de 2010

Y sin embargo.

Cada que te miro, me pasa.
Llega a brillar mi mirada
y sin embargo para ti no ës nada.

Llegaremos a decir una o dos palabras
y mi boca se quedará muerta,
intacta.
Y sin embargo la busco,
para más palabras;
no me tocas,
pero sentir tu aliento es
revivir,
sentir,
saber que puedo amar.

No seré nada,
pero tu para mi:
mi vida,
mi alma;
tu belleza.
Y sin embargo,
te sigo,
escribo,
aqui sigo.

domingo, 24 de enero de 2010

Fortuna inexistente

Fortuna para muchos
desfortuna a lo injusto,
como quien pierde unas llaves - desfortuna-
como quien las encuentra que fortuna espera.
Fortuna inexistente,
fortuna el haber dormido (a tu lado)
-desfortuna- el haber despertado,ya
te habias marchado.

Sombra

Sombra, que llegas,
habitas, apagas;
destruyes.

sombra que llegas,
almas entierras,
¿soy yo?, ¿quién sigue?
¿quién eres?.

Sombra que me entierras,
ENTERRADO me encontraste:
llego antes mi muerte.

viernes, 22 de enero de 2010

No hay remedio

Tengo que hablar de lo que puede ser, de que a veces es, de lo que no fue, de lo que pudo ser, de lo que me gustaría que fuera, de lo que parece ser, de lo que no es, de lo que no será... No sé si algún día pueda hablar de lo que es.


jueves, 21 de enero de 2010

a Alexander Reinhardt

teniendo en cuenta que mi amigo Alexander Reinhardt a tenido dificultades, te he escrito algo, que da esperanza de seguir, de volver a sonreir.

"Cuando me entra la felicidad
he visto tu mirada,
El tiempo se detuvo."

date una vuelta, seguro habra una sonrisa encantadora que te cautivará...que enamorará

Aarón

lunes, 18 de enero de 2010

Calzada de Tlalpan y Churubusco

Dices que fue tonto de mi parte regalarle 2 pesos al torniquete sólo para estar otros tres minutos contigo. No es mi culpa: los minutos son como todas las cosas. Primero cuestan casi nada, y luego, que si la oferta y la demanda, que si la inflación, que si doña Licha... y así se van hasta los cielos los precios. En éstos días todo está tan caro...

Y, ¿todo para qué? ?Para esa despedida aguada, confusa? ¿Para esa despedida tan turbia, esas palabras tan parcas, tan vanas; para esa unión dactilar tan poco patética, tan dura y fría? Cuánta conciencia de ustedes, de mi, de nosotros, de ti.

Si tan sólo me hubieran dicho en qué iba a acabar la cosa, le hubiera regalado otros 4.

Hoy están tan caros los minutos...

Hoy es miércoles, o martes, no sé

Los días son unos tontos juguetones, así como Dios. Viven en un caótico disfraz de ordenados y siempre periódicos. A veces llegan disfrazados de otros y confunden a todos: desaparecen bodas, te hacen llegar tarde a una cita inexistente o en su defecto tan real que es tangible, y tan tangible que espanta.

Hey there, Lucy!

Las minúsculas de intencionalidad incierta me perturban mucho. Y es que en estos días ya no se sabe si se dijo bien, o si la poeticidad radica en la errata, o en la traición de las propias letras. Ya no se puede cometer un error a gusto. Esto es un gaje del oficio (el del inteligente, que no es de mayor mérito que el de bufón ni de menor remisón que el de idiota ni de mayor voluntariado que el de pobre) que todos debemos sufrir. Ya no se sabe si no respondemos porque no queremos, o si no queremos saber o si sencillamente no sabemos. Ya no se puede saber si esa falta está puesta o en verdad falta. Es bastante incierto si pensamos todo lo que hacemos o nos hemos dado cuenta de la inutilidad de hacerlo. Por mi parte cada vez me convenzo más de que yo no sé nada de nada ni nadie. Por eso es mejor preguntar.

domingo, 17 de enero de 2010

Tómate un café conmigo

Hoy, o cualquier día. Aquí en la esquina o allá en Coyoacán. Platiquemos un rato, mirémonos; tomémonos de las manos y murmuremos cosas que algún día recordemos con gusto y añoranza. Pídeme lo que quieras. Pónme a prueba. Mírame y pregunta. Caminemos abrazados, de la mano o juntos nada más, comamos un helado de esos que trae el trenecito, después te cantaré algunas canciones de amor en aquel viejo piano con el si bemol que suena a campana de catedral. Anda, tómate un café conmigo. Escápate un rato de tu madre o de tu profe y sentémonos tranquilamente. Tu un capuccino, yo un espresso.

viernes, 15 de enero de 2010

No quiero conmoverte, pues lo que digo lo digo porque hay que decirlo. En cambio dudo si lo que veo es indiferencia. No lo creo, pero aún así no entiendo. Últimamente me da por hacerme el que no entiende; más bien es miedo. Es raro que sea yo quien lo diga, pero cualquiera que guste un poco de las ciencias y de las lecturas de Freud, Kinsey y Rimbaud podría decirlo también. Yo no soy amante a la Sabines: no encuentro, pero tampoco busco: espero.

A Monsieur Rimbaud
La mejor manera de saber la verdad es hacer como que ya se sabe.
Sé que nunca fuiste mío
Sé que nunca lo serás
Solo fui un amor pasajero
Algo que olvidaste ya

Ha pasado mucho tiempo
Desde la ultima vez en que te ví
Solo que te encontrado
En los recuerdos de lo que viví

Algún día tal vez te vuelva a ver
En las casualidades de esta loca vida..

(En este momento fue cuando mi creatividad se fue)

Al "guapo" que no veía desde hace mucho tiempo.

miércoles, 13 de enero de 2010

Me gustaría terminar con las brevedades, decir todo lo que tengo por decir y olvidarme de ello.

Eloí, Eloí, ¿lemá sabacthaní?

Nunca he sabido lo que tengo que hacer. Siempre voy como a la deriva, buscando la oportunidad o la casualidad. Siempre he sabido que mi camino tendría que ser por fuerza diferente al de los demás. Ojalá en realidad lo fuera.

Voy sin origen ni rumbo ni destino. Me topo otra vez con terribles ¿Para qué?. No hallo el camino, pues no se a donde voy. No sé si voy o regreso; si voy solo, o alguien quiere acompañarme. Estoy tan ciego que ya no sé nada. En qué terribles hipocresías me he metido. ¿Estar solo? No. Nunca lo he querido en realidad.

jueves, 7 de enero de 2010

Aún recuerdo el primer periódico que leí como si de el primer beso se tratara. Tenía muchas noticias y así me gustaba mucho. Aún lo recuerdo y aún me gusta mucho.

Crepusculos

Para que hoy a todos se les hizo tarde. No sé si es cosa de que la muerte ande rondando, pero todo parece más triste y todos parecen más idiotas, incluido yo. Debía ir al entierro de mi abuelo, pero la verdad no supe ni por qué no fui.

martes, 5 de enero de 2010

Untemporary angel

Since the very begining, He wanted something to bring joy to the universe. Then He created the earth and the sky, but then they were covered by darkness and shadow. Then he said: Let there be light, and there was light. Then he saw that the light was good, and separated the light from the darkness. Then He said: Let there be love, and there was love. And He saw that love was good, but there wasn`t enough joy in the universe. Then He said, Let us make man in our image, in our likeness, and let them rule over the fish of the sea and the birds of the air, over the livestock, over all the earth, and over all the creatures that move along the ground. But that wasn't enough.Then He took a flower, and from its petals from, He made a single angel to bring hapiness and wisdom to all of men in the earth: Jovius vidirem

domingo, 3 de enero de 2010

Sigo buscando una conclusión verdadera, pero no importa. Me hubiera sido mejor el no haber leído nada en la vida, ni haber conocido un solo museo, hubiera sido más feliz sin conocerte, ni que hubiera en toda mi vida hablado, ni el haber aprendido tal o cual cosa, ojala nunca hubiera imaginado, ni hubiera dicho poemas que nadie jamás escucharía pero que son mejores que muchos.


Sería más feliz siguiendo todos mis instintos, y amando mis impulsos; guiarme solamente por ellos sin saber que esta bien y que esta mal sin los limitantes idealistas, ni los políticos, ni los sociales, ni los religiosos, ni los familiares. Entonces vería las estrellas en las noches, y el gran sol en los días. Andaría desnudo por los campos y los madrigales. Y nada sería de nadie, y tomaría todo por mío: los campos, los soles, los astros, lo bueno y lo malo; pues no estaría encarcelado para el bien general, ni para los ricos, ni para los pobres, ni para los bellos que tanto amo, ni para los feos que tanto desprecio, ni para tal ó cual, ni para exculparnos de los pecados, ni para evitar sentir placer ó rebeldía. Sí, todo sería mío, todo…
Te encontré sentada en el punto más álgido de nuestra terrible situación, a la orilla del viento en un mundo falso, mezcla de todas las cosas en la vicisitud de nuestros cuerpos. ¿Qué es la muerte sino la vida en este mundo raro? Ni Platón lo ha pensado así.


Busco aquí y busco allá, pero en ningún lugar parece haberse escondido mi euforia; moriremos todos de todas maneras. Entonces encuentro en esta terrible confusión una sola conclusión verdadera, que todas mis ideas están revueltas, no hay aquí ni hay allá, no estas tu ni estoy yo, y de todas formas sigo diciendo tonterías.

Decepción

En todo, en nada, en lo que quieras. Debo dejar de soñar.